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El idiota

«Necesito tratar con buenas personas», dice el joven príncipe Lev Nikoláievich Myshkin al llegar a San Petersburgo, después de pasar cuatro años en un sanatorio suizo tratándose el «mal caduco». Apenas tiene dinero y su única esperanza es una pariente muy remota, Lizaveta Profófievna Yepanchiná, casada con un general retirado y madre de tres hijas.

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    «Necesito tratar con buenas personas», dice el joven príncipe Lev Nikoláievich Myshkin al llegar a San Petersburgo, después de pasar cuatro años en un sanatorio suizo tratándose el «mal caduco». Apenas tiene dinero y su única esperanza es una pariente muy remota, Lizaveta Profófievna Yepanchiná, casada con un general retirado y madre de tres hijas. El mismo día de su llegada es un cúmulo de incidencias: desde la acogida –mezcla de curiosidad y suspicacia– que le dispensa su lejana familia hasta una noche de escándalo y humillaciones en casa de una bella mujer de mala reputación, Nastasia Filíppovna, cercada por varios pretendientes. Se encuentra de pronto, en fin, arrojado al acontecer, en medio de «una gente extremadamente rara», como un eremita obligado a socializar. Con su candidez e inconsciente indiscreción, a lo largo de la novela no dejarán de llamarlo «idiota», pero también «artista», «enfermo», «loco», «niño»; y algunos creen que es un tipo astuto que esconde algún as bajo la manga. Él es incapaz de comprender la mentira, el desdén, la bajeza, la «extraña e incesante necesidad de ser y sentirse permanentemente agraviado», el «estado febril» en que él mismo se sumerge a veces. «Estoy de más en la sociedad», llega a pensar, pero la compasión y un impulso de ser de algún modo útil le impiden abandonar, con dramáticas consecuencias. Escrita después de Crimen y castigo y antes de Los demonios, de nuevo en un largo período de penurias, El idiota (1868-1869), que aquí presentamos en una nueva traducción de Fernando Otero Macías, inicia el ciclo final de obras maestras de Dostoievski. Como ellas, ha propiciado múltiples lecturas, pero sigue siendo la más enigmática e imprevisible de todas. (fuente:editorial)

    Páginas 776

Fiódor Mijáilovich Dostoievski nació en Moscú en 1821, hijo de un médico militar. Estudió en un colegio privado de su ciudad natal y en la Escuela Militar de Ingenieros de San Petersburgo.

En 1845, su primera novela, Pobre gente, fue saludada con entusiasmo por el influyente crítico Bielinski, aunque no así sus siguientes narraciones. En 1849, su participación en un acto literario prohibido le valió una condena de ocho años de trabajos forzados en Siberia, la mitad de los cuales los cumplió sirviendo en el ejército en Semipalatinsk. De regreso a San Petersburgo en 1859, publicó la novela La aldea de Stépanchikovo y sus habitantes. Sus recuerdos de presidio, Memorias de la casa muerta, vieron la luz en forma de libro en 1862, un año después que su primera novela larga, Humillados y ofendidos.

Fundó con su hermano Mijaíl la revista Tiempo y, posteriormente, Época, cuyo fracaso le supuso grandes deudas. La muerte de su hermano y de su esposa el mismo año de 1864, la relación «infernal» con su amante, Apolinaria Suslova, la pasión por el juego, un nuevo matrimonio y la pérdida de una hija le llevaron a una vida nómada y trágica, perseguido por acreedores y sujeto a contratos editoriales desesperados. Sin embargo, desde la publicación en 1866 de Crimen y castigo, su prestigio y su influencia fueron centrales en la literatura rusa, y sus novelas posteriores no hicieron sino incrementarlos: El jugador (1867), El idiota (1868), El eterno marido (1870), Los endemoniados (1872), El adolescente (1875) y, especialmente, Los hermanos Karamázov (1879-1880;  Sus artículos periodísticos se hallan recogidos en su monumental Diario de un escritor (1873-1881;  Dostoievski murió en San Petersburgo en 1881.

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