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Si no puedes perdonar , esto es para ti Ver más grande

Si no puedes perdonar , esto es para ti

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Hace 20 años, Leticia, una joven burgalesa, decidió cambiar el traje blanco de campeona de esgrima por el hábito blanco de las madres dominicas de Lerma. 

Hoy es Sor María Leticia de Cristo Crucificado, maestra de novicias en el convento de dominicas de Lerma (Burgos). 

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15,00 € impuestos incl.

    Hace 20 años, Leticia, una joven burgalesa, decidió cambiar el traje blanco de campeona de esgrima por el hábito blanco de las madres dominicas de Lerma. 

    Hoy es Sor María Leticia de Cristo Crucificado, maestra de novicias en el convento de dominicas de Lerma (Burgos). 

    Todavía conserva todas sus espadas y alguna vez le hace una demostración de esgrima a las chicas nuevas del convento, pero su dedicación es la de ser religiosa de clausura. 

    Ayuda a hombres y mujeres con su oración y su experiencia de Dios. Este libro, como las reflexiones diarias de su blog El reto del amor, es buena prueba de ello.

    Mucha gente piensa que es mala porque no puede perdonar. Y no es que sea mala; es que, como humana, es débil. Todas las fuerzas que uno tiene no son suficientes para sanar las heridas que llevamos dentro. Necesitamos un Salvador. 

    Nosotros no podemos sanarnos personalmente. Hay heridas tan grandes que necesitamos que se nos dé el don del perdón. Y Jesucristo nos lo ofrece. Él nos sana. Este libro es una muestra de cómo Cristo puede sanar y dar paz a pesar de grandes afrentas. 

    Recoge, de la mano de Sor Leticia, siete casos reales en los que se ha dado el perdón. (fuente:editorial)

Leticia, joven burgalesa, nacida en 1977, tricampeona nacional de esgrima y seleccionada para los Juegos Olímpicos de Atlanta. Sus padres no solían ir a misa, pero procuraban que sus hijos acudieran a catequesis. “A los doce años dejé la parroquia; la misa la veía como un teatrillo”.

Bailarina hasta la madrugada, le gustaba salir con chicos y disfrutar de todo lo que se ponía por delante. Vestía de cuero, tachuelas en la cazadora y cinturones con hebilla. Su vida se debatía entre peleas, drogas y alcohol, satisfacciones momentáneas que no la llenaban.

Una amiga le habló de su visita a unas monjas de clausura, de la sorprendente felicidad de sus rostros, y Leticia se decidió comprobarlo por sí misma. “Eran felices sin tener nada, cuando yo no lo era teniéndolo todo”. 

Un día, bailando en la discoteca, se sintió indispuesta, salió a la calle y encontró una iglesia a la que entró.“Fue la primera vez que experimenté que allí dentro, existía algo, y era algo bueno, que me daba paz”. Leticia dejó la esgrima por unos “brazos amorosos”. “Se me cruzó Dios y ya nada se podía comparar”.

El éxito de Leticia crecía y le propusieron acudir a los Juegos Olímpicos de Atlanta, pero lo rechazó. Pasado un tiempo, quiso vivir una experiencia con las dominicas de Lerma. “Allí sentí que un amor absoluto me llenaba. Me encontré con una Persona que me quería como era, con Dios”. Y pidió la entrada en el convento, donde ahora es la maestra de novicias..

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