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Amor y perdón. Homilías Ver más grande

Amor y perdón. Homilías

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Reciedumbre, sinceridad y afán por la salvación de las almas brotan de estas homilías escogidas, que el Santo Cura de Ars predicaba a sus feligreses. Palabras sencillas, pero de doctrina clara y penetrante

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    Reciedumbre, sinceridad y afán por la salvación de las almas brotan de estas homilías escogidas, que el Santo Cura de Ars predicaba a sus feligreses. Palabras sencillas, pero de doctrina clara y penetrante.

    Durante cuarenta y dos años, Juan Bautista María Vianney regentó la parroquia de Ars y, con la gracia de Dios, la transformó en un modelo. Además, acudieron a su confesonario miles de personas de muy distintos lugares, para abrir su alma, y obtener el perdón de sus pecados y la rectificación de sus vidas.

    Pocos santos han llegado a mostrar una visión tan clara de la malicia del pecado y sus horrorosas consecuencias en las almas. Así se refleja en sus homilías, donde el acento a veces es duro pero lleno de caridad con sus oyentes, ante quienes goza de la autoridad de padre, maestro y pastor.

    Se recogen en este volumen algunas homilías sobre el arrepentimiento y la conversión personal, así como los principales medios para alcanzar el perdón y vivir en el Amor. (fuente:editorial)

Nació en Dardilly, al noroeste de Lyon, Francia. Fue el tercero de seis hermanos, de una familia campesina. Después de una breve estadía en la escuela comunal, Juan María inicia sus estudios con el párroco de Ecully, el Padre Balley. Pero ante la insignificancia de sus progresos y como otros muchos seminaristas en apuros, hace una peregrinación al Santuario de San Juan Francisco R?gis en La Louvesc (1806). Ese mismo año es dispensado del servicio militar en su calidad de aspirante al sacerdocio. La principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países. Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque "las almas le esperaban all?". Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban Ars con la finalidad de ver al santo cura y oír su enseñanza cotidiana. El Venerable Padre Colin se ordenó diácono al mismo tiempo, y fue su amigo de toda la vida, mientras que la Madre Marie de la Providence fundaba las hermanas auxiliadoras de las ánimas del purgatorio por su consejo y con su constante aliento. Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. A veces adivinaba pecados no revelados en una confesión imperfecta. Sus instrucciones se daban en lenguaje sencillo, lleno de imágenes sacadas de la vida diaria y de escenas campestres, pero que respiraban fe y ese amor de Dios que era su principio vital y que infundía en su audiencia tanto por su modo de comportarse y apariencia como por sus palabras, pues al final, su voz era casi inaudible. El mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde su primera juventud, y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años. El 3 de octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado Venerable por Pío IX y el 8 de enero de 1905, fue inscrito entre los Beatos. El Papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial. [Nota: En 1925, el Papa P?o XI lo canonió?. Su fiesta se celebra el 4 de agosto

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